19 de agosto de 2010

Es curioso.

    Hay momentos en los que pondríamos la mano en el fuego por algo en lo que creemos; nos jugaríamos el cuello por aquello que queremos; dibujaríamos infinitos para dos porque solo existe este ahora; soñaríamos gratis porque no importa nada más hoy ni mañana ...
    Pero llega el día en que nos bajamos del séptimo cielo, nos echan un jarro de agua fría, nos sacuden las ilusiones y nos damos cuenta de que para dibujar los infinitos hay que cuidar los presentes y después de eso nada vuelve a ser como antes. A la certeza le sale un buen grano de inseguridad.

    Lo descubrí hace tiempo y ahora únicamente estoy seguro de una cosa:
a mí solo me queda matar más carteros mientras miro las fotos de aquel backstage (una vez más). Y así hasta el infinito ...

9 de agosto de 2010



1 comentario:

Lady Drama dijo...

No sé tú, pero yo odio los jarros de agua fría, prefiero quedarme entre nubes

Besos de una curiosa más :)

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